Estaba escribiendo sobre otra cosa pero como soy malísima persona no he podido evitarlo y hoy me apetece echar pestes de una clase troleo que abunda en eR. Éste no es las más de las veces sino una búsqueda de la aclamación popular o de la autoafirmación mediante fórmulas inocuas, convenidas socialmente como algo bueno y que no suponen ningún riesgo. Lo cual poco tiene que ver con los poco benévolos orígenes de ese modus vivendi según los sagrados cánones registrados en la Santa Madre Wikipedia.
Aquí sucede todo lo contrario. Vemos como hay una especie de autodenominados troles que son en definitiva considerados “gente bien”, porque ya no molestan a nadie (o a nadie que esté por encima de ellos), no generan ningún cuestionamiento de nada (o al menos de nada que haga peligrar su cosmovisión partidaria). Son de este modo el eje principal del conformismo, de la comodidad y de la pleitesía. Esclavos de sus predecesores en cuanto a inspiración, tendentes por tanto a la mediocridad por simple pesimismo acerca de si mismos. Porque si la genialidad no existe y consiste tan sólo en una alta capacidad para multiplicar los ensayos, peor opción que la a priori mala (quedarse con lo primero que se les ocurre), es el reciclaje perpetuo de la historia de sus mayores.
El troleo es una pieza clave pues en el mantenimiento de viejos prestigios que marcan el quien es quien en esta comunidad. Incluso son estos supuestos troles quienes emiten patentes o bulas de momiedad sobre personajes actuales o de forma retrospectiva sobre ciudadanos del pasado. Otras veces hacen apología interesada de las normas, lo cual evidencia que la etiqueta troll no es un fin sino un medio como otro cualquiera para evitar todo disenso que les perjudique.
Este troleo aparentemente estridente pero que ya no molesta, sino que más bien se admira y suscita aplausos multitudinarios, que forma parte del acervo y de la conciencia inducida, es el pensamiento único de eR y el opio de los players. Con el tiempo muchos momios se rinden a sus encantos, por agotamiento, aburrimiento o por los réditos que aporta en beneficios personales seguir la corriente mayoritaria.
Pero nada puede ser más troll a día de hoy que tomar de modo creativo la momiedad como forma o argumento. Otra opción no queda a los verdaderos troles -los que aspiran a producir una reacción no prevista en la comunidad- ante la devaluación de su denominación, rebajada a ser generadora una multitud que asiente con entusiasmo y por automatismo cualquier exabrupto o engaño, por no hablar de los atensionjuores. Porque si originalmente el término troll procede de una técnica de pesca (y no de esas criaturas de la mitología escandinava) ¿Como se puede ser tan incauto como para pescar algo en un mar que ahora mismo pretende estar hecho del mismo metal que el anzuelo?
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