En una encuesta sobre palabras clave de la vida erepublikana, una de las más mencionadas seguramente sería el término troll. Aunque el anonimato que ofrece la red parece una condición necesaria para el surgimiento de estas criaturas, la figura del troll, al menos tal y como es considerada en eEspaña, se debe también a una genealogía que hunde sus raíces en el mundo real. Pues podemos rastrear antecedentes en la cultura popular, en personajes míticos y en lugares comunes de creencias ancestrales. De nada sirve el ADN biológico si se trata de construir roles sobre el teclado, es el legado cultural a través del inconsciente colectivo el verdadero material genético de los personajes que construimos, tanto en sus orígenes como en su incidencia.

No ofreceré ninguna definición de troll, la wikipedia es muy completa y recomiendo su lectura. Además de la conducta disruptiva, la subversión de las convenciones y la provocación, el troleo incluye la simulación y la manipulación. Este último aspecto es algo que se olvida frecuentemente y por ello el término troll tan prestigiado últimamente en nuestra sociedad es negado a quienes han traspasado ciertos límites, los del beneficio común. Así por ejemplo sombra es un troll aclamado, mientras que a danielitofc se le menoscaba tal etiqueta, cuando no deja de cumplir con todos los requisitos necesarios (sobre todo el de la manipulación).
El gamberro encantador, el canalla necesario, el malhablado injustamente incomprendido son epítetos que hoy se presuponen al troll. No siempre fue así... hace apenas un año todavía se oían voces contrarias al troleo que no daban lugar a ninguna excepción. Hoy por el contrario se tiene a los troles por ciudadanos ejemplares, aunque siempre dentro de esa acepción reducida que elimina la manipulación como característica. La rebeldía como objeto de consumo tiene su icono guevarista en la VR, en erepublik los masmolones tienen al troll como emblema previa conversión tipo Disney Channel (de ahí que Parbell sea rápidamente repudiado por su frenesí hardcore antes de sobreexplotar él mismo sus 15 minutos de fama)
Entre una época y otra ha mediado las flamewars de la guerra de Liberación contra Francia y las de su invasión. También hemos tenido a Sombra descubriendo las cloacas de la cúpula de FC. Pero no son sólo los hechos ingame los que han predispuesto al cambio de actitud. Aunque en realidad el primer troll fue la serpiente en el Paraíso, la asimilación del troll como personaje inofensivo, descafeinado y simpático tiene antecedentes en el imaginario colectivo de la VR.
Empecemos por la cuestión de la subversión del orden y la transgresión, nótese como desde la Antigüedad existe una cultura popular que subvierte mediante fiestas -tipo carnavales- y rituales cómicos todo el serious business de la cultura oficial emanada desde el Poder, éste a su vez asimila una parte de transgresión a través de la figura del tonto, el payaso o el bufón, al cual incluso se le consiente en la Corte una libertad casi total a la hora de expresar verdades incómodas. No poca influencia tuvieron estos personajes.
Tenemos también el punto de la simulación y la teatralidad. Como concesión a los poneros podemos nombrar el mito de Amaterasu. En éste la diosa solar nipona deja el mundo en tinieblas al esconderse en una cueva. Dejando a un lado la cuestión de si su pena es debida a un episodio de overtrolling... lo que si es seguro es que entonces es cuando los simples mortales inventan la pantomima ruidosa y festiva y el teatro a fin de atraer a la diosa al exterior de la caverna y devolver la luz al mundo. En nuestro ámbito cultural el origen dionisiaco del teatro nos remite a un cortejo desenfrenado de sátiros y bacanales y por tanto a los cultos mistéricos erepublikanos basados en el pr0n.
Como embaucadores los trolls tienen su correlato no sólo en la serpiente bíblica, sino en un tipo de figuras míticas, lo que los antropólogos llaman tricksters, héroes, dioses o semidioses revoltosos amantes de las triquiñuelas, a veces por capricho, otras por bajas pasiones, en ocasiones también en beneficio de la Humanidad. Un ejemplo mitológico cercano es Prometeo, el primero en aprovecharse en un bug al instaurar el rito sacrifical ¿No engañó a los dioses concediéndoles la peor parte del animal en los sacrificios y no recuperó para los seres humanos el fuego? Por eso fue permabaneado encadenado en el Cáucaso donde un administrador con forma de águila le devora el hígado cada día. También tenemos a Ulises mintiendo como un bellaco al cíclope Polifemo, episodio mítico que instaura la cortedad de miras de los momios, evidentemente grandes y torpes criaturas de un sólo ojo. El poeta Ted Hughes tiene un espléndido poemario que simula el folklore asociado a un personaje de estas características, Cuervo... una supuesta deidad de alguna tribu de nativos americanos.

Al estar fuera del orden y del sacrosantísimo decoro, el troll termina frecuentemente condenado a la pena capital. Esto tenemos que enmarcarlo en una especie de ritual potlatch, festín pantagruelico -hostia! que Rabelais era también un troll- propio de los indios de la costa noreste de Norteamérica en los que el “anfitrión” derrocha a lo bestia llegando al gasto irracional de sus reservas alimentarias (viven o vivían de la pesca estacional del salmón). El ban del troll es también un potlatch en su vertiente de derroche pues al ser baneado lo que hace es derrochar el bien más preciado de los erepublicanos: la acumulación de clickeos (pues es sabido que tras el ban es posible un nuevo resgistro). Más allá de los malvados y los atensiojuores, el troll benefactor al ofrecer esos bienes mundanos a sus seguidores, es igual que un jefe kwakiutl que al celebrar una fiesta sacrifica todos sus bienes por sus paisanos. En este sentido el troleo se convierte en estética al convertirse en gasto improductivo, necesariamente inutil, como las grandes obras de arte.
Como he dicho, el permaban supone en el caso de eRepublik sólo la muerte provisional del troll recalcitrante, quien al volver a la vida se limita a repetir una constante en la historia de las religiones, la historia de los dioses que regresan del inframundo de los muertos: Osiris, Perséfone, Odín... Al ser este tipo de mitos de muerte y resurrección un trasunto de los ciclos naturales podemos entender que el troll que encadena sucesivas muertes y renacimientos nos conduce a una percepción del paso del tiempo, a una especie de calendario natural alternativo en un mundo que carece de estaciones. Por ello queda contaminado por el simbolismo de esta clase de dioses. El troll aporta una visión optimista del plano postmorten, demuestra que no es la repetición deslucida de la vida pasada en el Hades. Al volver a la vida pone en una situación crítica la relación imperante con los admins, entidades cuya religión asociada tiende a cultos sacrificales más propios de los aztecas.
Recapitulando... los hechos ingame también han tenido su papel, pero se puede considerar que toda esta serie de elementos simbólicos operando a través del inconsciente colectivo han contribuido a tan curioso fenómeno: los troles, de ser criaturas execrables han pasado a ser relativamente bien considerados por el sector momio de la ciudadanía, hasta el punto de que si uno se deja llevar por las palabras de la momiocracia, los troles serían casi la versión peluda de esas criaturas luminosas que salen en la peli Cocoon.
NOTA: Éste si era uno de mis artículos guardados (para un semanario que no termina de arrancar). Finalmente he creido que por su extensión es mejor publicarlo en mi periódico.
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