viernes, 15 de abril de 2011

Día 938 Sobre la luna, las estrellas, las drogas endógenas y los ciclos circadianos.

Según la vieja cosmovisión aristotélica el universo se divide en dos grandes ámbitos. Por una parte estaría el supralunar, que incluye todo lo que se cuenta más allá de la luna, astros que giran incrustados en esferas perfectas y regidos por las leyes armoniosas de lo eterno. Por otra parte, tendríamos el mundo sublunar; esto es, el mundo terrestre, donde reina el desorden y el caos. Se trata de una visión del cosmos en la cual se puede decir que se presenta dos mundos, formados de distintas substancias, radicalmente distintos, regidos por distintas leyes. Pero sobre todo, dos mundos totalmente separados. Supongo que más de uno al leer ésto estará pensando ya está el chiflado de mojo otra vez desvariando. En realidad sólo trato de empezar por algún lado y ésto es un comienzo casi como cualquier otro.

Si he escrito "casi"; es porque esta idea anticuada y errónea de un universo dividido en dos compartimentos estancos es un esquema que me resulta muy familiar. Este modelo de raíz pitagórica, durante tanto tiempo tomado como axioma sagrado en Occidente, me recuerda a la forma en que son contrapuestas VR-eR. Más concretamente por el hincapié que una y otra vez se hace sobre los límites entre el viejo y el nuevo mundo, como si todas las características de éste último hubiesen sido autogeneradas y no tuviesen un origen o influencia externa. ¿De verdad eRepublik posee su propio y exclusivo big bang del que parte todo aquello que lo compone? La respuesta obviamente es no. Si bien resulta evidente que este simulador sociopolítico no calca todas las posibilidades de la VR, tampoco es cuestión de negar que existe un nexo entre ambas esferas de la vida del usuario/jugador.

Porque este supuesto nuevo mundo, del mismo modo que carece de su propia tabla periódica, tampoco dispone de ciudadanos nativos, todos son de origen extranjero y su país de procedencia es la VR, sus esquemas mentales por tanto han sido forjados en la VR, así como sólo del paso de siglos de VR ha derivado el lenguaje que emplean y/o se empeñan en depauperar (una lengua no es sólo forma sino también contenido). A todos les sonará esa escena tan icónica del doctor sujetando al recién nacido boca abajo por el talón para darle una palmadita antes de que éste rompa a llorar, les puedo asegurar que no se trata de un pantallazo del primer logueo. Pese a lo que muchos players quieran admitir existe una experiencia anterior a eR, una vida personal simultánea al juego (al menos presumiblemente), así como una expectativa de futuro que incluye una visión del mundo (un sentido político inseparable a una noción de memoria colectiva).

Todo estos componentes de la VR forman un sinfín de bagajes individuales, cuya confluencia en definitiva vendría a ser algo así como la beta de cada cosa que surge en eRepublik. Esa beta de todo lo que conocemos no se conforma de modo simétrico, no todos se implican de la misma manera en eR ni tienen la misma fuerza creativa. Dado que ignoramos de donde puede surgir ésta fuerza y como encuentra su cauce, creo que no estaría mal reconocer que cada ciudadano como persona posee su propia historia y que el que esta pueda interferir después del logueo añade un grado saludable de incertidumbre al discurrir del juego. Digo saludable porque en el fondo disfrutamos más de lo imprevisto, simplemente porque nos alarga la vida. Ante la rutina cuasiinfinita la mente vuela en piloto automático, vivimos como sonámbulos a cámara lenta.

Por tanto me cuesta imaginar límites artificiales entre la vida y el juego, sólo los justos para asegurar una convivencia en el respeto. Frente a cualquier fundamentalismo erepublicano prefiero una forma de libre albedrío, la libertad de cada uno para poner a prueba sus intereses, sarampiones antisionistas -que no antisemitas- inclusive (no tienen mayores consecuencias negativas a la semana). Confío en la capacidad de la gente para armonizar sus contribuciones con el contexto de eR; porque eso es lo que condiciona que el resultado tenga visos de continuidad. Que de ahí resulten unas tendencias mayoritarias y otras minoritarias no tiene por qué ocultar el hecho de que ambas remiten en última instancia a fenómenos outgame. Otra cosa son los inevitables brasas monotemáticos que vienen rebotados de la VR, la mayor parte se acaba cansando y supongo que emigra al universo bloguero, las pocas excepciones creo que confirman la regla.

Me parece totalmente contrario a la experiencia de juego esgrimir una especie de purismo erepublikano para intentar cerrar a cal y canto el punto actual en el que se haya la cultura erepublikana, incluyendo los apriorismos políticos y los imperativos militares más consensuados. Puedo señalar varias razones: 1) No existen grupos humanos estáticos. 2) Aunque se quiera reforzar una serie de señas de identidad en la comunidad de juego, no podemos olvidar que no se trata de un fenómeno exclusivo de eR. La materialización de un sentimiento identitario en jergas, símbolos y rituales varios... se da también en otros grupos de personas formados por intereses banales. No existe ninguna excepcionalidad absoluta a preservar. 3) Por último -y me repito- este conjunto de valores, señales, imágenes no aparecen de la nada. eRepublik y todos sus habitantes son absolutamente dependientes en sus actos y manifestaciones de la VR quieran o no. Si tomamos como ejemplo un meme totalmente autóctono y de consumo interno como es el varnishismo, incluso el lulzeo pseudorreligioso remite a conceptos de la VR, subvierte unas visiones de la religiosidad muy concretas.

Finalmente me gustaría llamar la atención sobre como, de hecho, los límites entre una y otra realidad -la real y la virtual- en muchos casos se difuminan. Pues por un lado mucho me temo que muchos nolifers compulsivos tendrán afectados algo tan real y concreto como sus ciclos circadianos (biorritmos); y por otro lado no me cabe duda que algunos melodramáticos festivales de atensio juor más que simple roleo y pantomima son algo mucho más real. No lo menciono sólo porque me fascine toda la energía derrochada en este rasgo principal de nuestra escenario político, escenario que tiene mucho de escenario y poco de político ... sino porque me intriga mucho saber que pinches neurotransmisores se activan en estos violentos ataques de narcisismo. Y es indudable que el torrente de drogas endógenas que se produce dentro de algunas cabecitas es bioquímica, realidad pura y dura, para nada imaginación o parapsicología.


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