viernes, 15 de abril de 2011

Día 1051 El otro viaje de Gulliver.

NOTA: Éste artículo se escribió hace dos meses y medio. Se supone que iba a ser la presentación de la sección del mismo nombre que iba a tener en una revista erepublikana que al final no ha salido. Al leerlo ahora echo de menos algunas cosas o sensaciones que hoy son difíciles de encontrar en este páramo.



El otro viaje de Gulliver

El título que he elegido para esta sección es más que una frase un signo de puntuación, un punto y seguido que acerca dos actitudes a veces difícilmente conciliables. Hablo de la crítica y el optimismo. Veamos: Swift era un clérigo retrogrado y pesimista, su obra tan mordaz representa respecto a las utopías primitivas y al incipiente optimismo racional de su época lo mismo que el Quijote frente a las fantasiosas obras de caballería. Es así como recupera lo lejano maravilloso propio de las narraciones medievales de viajes para ironizar con alegorías acerca de los excesos e ingenuidades del espíritu de su época. Nos traslada a unas antípodas imaginarias pero sólo porque ahí encuentra contextos extraños que le sirven para recalcar el sentimiento de FAIL y facepalm que le sugieren los fallos y miserias de la política, el pensamiento y los usos y costumbres de su tiempo.

Las escalas nunca vistas del cuerpo humano con las que se topa el médico naval, los caballos sapienciales que lo confunden con una especie de infrahumanos repulsivos (yahoos), la isla voladora o esos condenados a senilidad eterna (ejemplos todos con su posible correlato erepublikano)...me hacen pensar en las figuras estrafalarias que pueblan los confines en los mapas medievales. Encontramos pues una crítica ácida de los hechos que le son contemporáneos y al mismo tiempo una visión arcaica y casi alucinante del mundo. Es en esto último donde pienso que puedo encontrar algo que me ilusione o al menos me aporte el optimismo que contrapese mi actitud crítica.



Pues si bien Swift recupera añejas ficciones del medievo para empacar sus alegorías, no olvidemos que fueron esas mismas ficciones las que fundaron todo un mundo. Los europeos al primer contacto con las tierras de América asimilarán la sorpresa que les causa lo desconocido a través de las lentes de las historias que cargan consigo: viajes a países imaginarios o reales, novelas de caballerías, vidas de santos...

Nosotros jugamos a habitar un mundo que también es nuevo, pero que muchos toman como un dogma que se trata de una dimensión totalmente ajena a toda circunstancia de la VR... frente a esta actitud yo apuesto recuperar un instante frecuente en nuestra historia como pueblo de descubridores, buscar mensajeros de Kublai Khan en costas donde jamás los encontraremos. Con esta carta de navegación, bajo la Osa Menor de las ficciones de la VR, sacando las letras y las humanidades de mis bolsillos secretos de náufrago, de este modo escribiré mis críticas en esta sección... mi optimismo se cifra en que todas esas leyendas medievales que son para nosotros cualquier historia de la VR puedan contaminar una parte de este mundo para hacerlo algo más mágico. Por eso llamo a ésto el otro viaje de Gulliver, un poco más optimista, el que nunca hubiese escrito Swift.



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