martes, 12 de abril de 2011

Día 868 eRepublik y esos caballeros locos que cabalgan chocando sus cocos.

En un día tan extraño como el de hoy sólo falta que el Sr Morán publique uno de esos crípticos aforismos que sólo entiende él mismo. Es la clase de artículo que uno vota porque vete a saber tú lo que quiere decir pero por al menos uno tiene claro lo que no quiere decir y que no surge de ese sucedáneo de actividad mental que viene a ser al pensamiento lo que el spam es al mundo de la red.

No en vano el uso de la palabra spam para el correo basura y el flujo de información innecesaria tiene su origen en un sketch de los Monty Python, el del jamón especiado (spiced+ham= spam) en todos los platos del menú; y son los propios Monty Python quienes en su filmografía mejor nos hacen reir parodiando esa clase de pensamiento en la que una idea inutil salta de una neurona a otra neurona como en una especie de circuito cerrado y autosuficiente. Un circuito de ideas fijas del que sólo puede resultar un bucle verbal infinito de palabras vacías que se repiten una y otra vez.



Así lo vemos sin ir más lejos en la película de la que procede el avatar de este periódico: Los Caballeros de la Mesa Cuadrada. Recordemos la escena en la que el Rey Arturo cabalgando junto con su lacayo sus corceles de sonoros cocos se encuentra con que unos extravagantes caballeros le cortan el paso. Éstos son Los Caballeros que dicen "Ni" (y a veces también “mi”) ¡Y vaya que si lo dicen! El "¡Ni! ¡Ni! ¡Ni! ¡Ni! ¡Ni!" es repetido en tremendo coro caótico y sin tino. Cae uno en la tentación de visualizar ese "¡Ni!" rebotando en las paredes craneales de tan excéntricos caballeros como si fuese la bola enloquecida de un pin ball.

Volvamos a eRepublik. Supongamos que nuestro mundo un día de éstos le da por revivir al Rey Arturo y decide cabalgar chocando sus cocos entre nosotros, surcando nuestros estrechos senderos del click y atravesando nuestros escasos bosques del post. Pues si... imaginemos que el exholandés King Arthur se loguea, se encamina tan tranquilo a revisar la prensa de su nuevo país ¿Cuantos minutos tardaría en toparse con los Caballeros que dicen “Ni” pidiéndole una amálciga? ¿No los oyes? ¿O es que ya han empezado a llamarse a si mismos Los Caballeros que dicen "Eki Eki Eki Tapán"?

Aquí estos papeles de la película son intercambiables y todos podemos darnos por aludidos, sólo depende de como actuemos en cada momento. En ocasiones nos logueamos y tratamos de jugar cual ingenuo Rey Arturo temporalmente fuera de Camelot y otras veces no evitamos asemejarnos a esos caprichosos y volubles caballeros guardianes de las Palabras Sagradas. Son éstos últimos los que demandan con gran tozudez a los demás que hagan ésto o lo otro para después desentenderse del trato cuando la otra parte ya ha cumplido. Lo que suelen exigir es un fair play sin contrapartida. Caer en esta actitud parece algo tan fácil como seguir la corriente pero es en cada momento una elección personal de cada uno.



En la misma película hay otra escena que viene al caso. Nos hace reir y al mismo tiempo pensar un poco acerca de nuestra realidad cotiniana como eSociedad. Si tuviese que elegir una escena de toda la historia del cine que resumiese lo que he visto durante estos meses en eRepublik no tendría ninguna duda, eligiría ésta y no otra. Me refiero a la de "¡Es una bruja! ¡Bruja! ¡Bruja!".

Y aquí la palabra “bruja” -claro está- la podemos cambiar en nuestro caso por otras. Doy plena libertad al lector para que lo haga, la verdad es que en realidad no dispone de muchas opciones, ninguna se encuentra entre los enfurecidos. No es difícil pensar que esta escena parece sacada de nuestro día a día. Véase como la verdad se disfraza y luego se montan los argumentos para convertir en verdad la mentira. Pues ese es el juego al continuamente asistimos en eEspaña: la misma clase de disertación que hace el caballero ante los susperticiosos es repetida un día tras otro para justificar lo injustificable: que la mujer ellos mismos han disfrazado de bruja, es bruja porque ellos han querido gritarlo una y otra vez. Aquí sólo tenemos que cambiar una palabra, donde se dice "bruja".

Y ahora es cuando me toca decir lo que el viejo Kant hubiese escrito si, allá por el siglo XVIII, hubiera visto esta disparatada película: libérate y aprende a chocar los cocos por ti mismo.





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