viernes, 15 de abril de 2011

Día 973 Como ser John Malkovich y eRepublik

Leer este artículo se hará difícil para quienes no conozcan la película a la que alude el título. Pero hacía mucho tiempo que le estaba dando vueltas y que me apetecía escribirlo

Entre la planta séptima y octava de un edificio de Manhattan podremos encontrar lo que los empleados del señor Lester conocen como planta siete y media. Si eres un titiritero cansado de practicar su arte en las calles y has conseguido trabajo allí, entonces deberás interrumpir bruscamente el trayecto vertical del ascensor tu mismo para forzar seguidamente su puerta con una palanca de hierro. No te preocupes. Quizá el primer día, alguien esté allí para descubrirte el mecanismo y hacerlo por ti... aunque lo mas probable es que no sea así y pierdas un buen rato con este acertijo de la arquitectura. Al salir del ascensor es probable que recibas un golpe en la coronilla, tal es la bienvenida que le da al novato un techo apenas situado a un metro y medio del suelo. Deberás acostumbrarte a esas estrecheces pensadas a lo alto en vez de a lo ancho. El techo de la planta siete y media sume tu espina dorsal en un continuo amago de reverencia. Porque igual que los jíbaros reducen las cabezas del enemigo, el extraño debe ser asimilado a su nuevo medio de modo tan eficaz como pintoresco. Se trata de un rito de paso compuesto de varias incomodidades y contratiempos: además del susodicho coscorrón, encontramos otros medios para achicar al recien llegado hasta la invisibilidad: la sordera de la secretaria que lo recibe, la afable estulticia del superior quien realiza una entrevista repleta de sandeces, el desdén de una hermosa y cínica compañera, no por ello menos atrayente.



Durante los siguientes días el cuerpo del fiel empleado se irá habituando a un medio pensado para gentes de menor estatura, sus dedos de titiritero se mostrarán hábiles sobre el teclado... perdón, digo clasificando archivos. Aún seguirá siendo el último entre sus compañeros y lo seguirá siendo... puede que pronto abandone el puesto a no ser que... por una casualidad deba apartar un pesado archivador y descubra atónito una pequeña puerta. El asombro no es nada comparable con lo que sentirá después una vez que la abra y la cruce.

Si esto es lo que te ha pasado es que has superado tus primeros días en eRepublik. Buscando un nuevo mundo, al empezar te encontraste como otra hoja en blanco del libro jamás escrito de los don nadie, de una masa tan anónima como esas crías que llegan a la vida por miles para ser diezmadas al poco tiempo por depredadores. Pero sobreviviste y el día que te logueaste y encontraste la puerta, esa puerta escondida en un lugar distinto según sea cada uno... ese día fue cuando empezaste de verdad a meterte en el juego, fue entonces cuando te sentiste realmente dentro de otro, tu personaje. A partir de ahí los caminos se bifurcan en tantos como historias personales... algunos sin embargo tienen el mismo punto de llegada, el momento en el que se rompe el interruptor del rol y es entonces el otro quien habita en ti, ya no juegas al juego sino es el juego el que te juega.



Más allá del noliferismo, hay otra fase en la que el jugar se llena de tics y la inteligencia deja su lugar al simple paso del tiempo sin mayor objetivo. Este es el mayor tabú entre los jugadores, algo de lo que se prefiere no hablar, pero es algo que está ahí, más cerca de lo que nos gusta pensar. Algunos se descojonaran, me trae sin cuidado. Pienso que podemos referirnos a esto sin recurrir al dramatismo, aunque tanto fuera como dentro del juego no nos gusten las conclusiones. A mi me sirve como punto de partida hablar sobre una peli que muchas veces me recuerda a eRepublik. En ella unas serie de personajes encuentran la manera de vivir dentro de otro, en la peli John Malkovich; el cual es queda reducido a golem polisílabo (se supone que al golem de la leyenda le insuflaba vida un papel en su boca con una sílaba divina escrita en él).

Cómo ser John Malkovich es una película extraña, no sólo porque Cameron Diaz salga terriblemente irreconocible. Aunque parte de la crítica la detestase como pretenciosa la verdad es que no está nada mal, un especialista en videoclips teje una historia que no desmerecería de Bioy Casares o de esa versión judeoamericana del realismo mágico que practica a veces Auster. El caso es que a mi me viene de perlas para hablar sobre eRepublik. En la peli vemos como una vez que Craig descubre como acceder a la mente de Malkovich se desata una especie de locura en tres personajes: Craig (el titiritero), Lotte (su mujer, veterinaria apocada obsesionada con su trabajo) y Maxine (la cínica y manipuladora compi del curro). Al margen de las relaciones de dominación que establece esta última con los dos anteriores, lo interesante es comprobar como para Lotte y Craig ya no es concebible vivir si no es experimentando ser ese otro, el célebre actor. Se trata para ellos de huir a toda costa de una realidad vital monótona, deprimente, gris. El precio a pagar es para ellos lo de menos. Véase como, al salir de Malkovich, la vuelta al mundo y a sus cuerpos se produce de un modo de lo más prosaico, caen despedidos sobre la cuneta de una autopista de Nueva Jersey.



Esa cuneta se llama deslogueo cuando jugar a otra vida se ha convertido en un sucedáneo de la propia vida puesto por encima de esta. Y ¿Entonces qué? Abandonar a tiempo es la única opción llegados a este punto en el que ya se descuida asuntos vitales y se es incapaz de controlar. En la peli al cumplir los 44 años la persona recipiente -en nuestro caso Malkovich- aprisiona definitivamente a sus inquilinos, pero éstos al menos consiguen prolongar de algún modo su vida. Es lo que pasa al final con Lester y sus amigos ancianos. Con las cuentas de eRepublik sucede al revés, si bien permiten prolongar nuestras vidas en un mundo nuevo y distinto... esto es a condición de quedarte limitado en la real si no sabes o no puedes controlarte (click click click).

A quienes se han ido de entre nosotros al ver cercano ese número 44 sobre sus cuentas, a quienes se han marchado al redescubrir la VR como el bien más preciado... a ellos les dedico este texto, hablando sobre lo que no nos han contado, la parte oscura que puede llegar a tener esto con la que nos lo pasamos tan bien. No tenemos por qué avergonzarnos ahora porque la vida ya nos reclame... les deseo la mejor de las suertes y tomarse las cosas paso a paso, no es conveniente cruzar la autopista tras caer en la cuneta.





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