Hoy me siento con ganas de hacer amigos. Al grano: Creo que querer una prensa de calidad y hacer spam de los propios artículos son dos cosas incompatibles una vez que se ha alcanzado un cierto número de suscriiptores. Salvo cuando se trata de flameo en el top de la prensa enemiga, de crisis debidas a hackeo generalizado, de troleo benefactor (por oposición al atensio juor tan frecuente), de bugs en las suscripciones... y alguna excepción más (como transmisión de órdenes e iniciativas de interés común)... salvo en estos contados casos el spam no beneficia a nadie, ni siquiera al que lo practica.
Por un lado llega un punto en el que su rendimiento es decreciente y el que lo practica, en su bulimia de votos, puede dejar de apreciar la calidad de su propio trabajo. Si le otorga excesiva importancia al spam el autor le atribuirá unos votos o un puesto en el top20 que quizá se deba más al artículo en si. A los spammaniacos les recomiendo hacer la prueba de publicar sin spamear para comprobar si realmente necesitan hacerlo.
Yo antes era un spamero malvado que no tenía ninguna consideración... pero hubo unos días hace varios meses en los que publiqué sin tener tiempo dedicarme a machacar y atosigar al personal por un mísero voto. Varios artículos en el top20 fueron el resultado, uno de ellos se denominaba “28 consejos dirigidos a los nuevos periodistas”. Este me hizo reconsiderar mi actitud frente al spameo.
Concluí entonces que no era muy coherente publicar algo así, tratando de ayudar a los que comienzan en la prensa, para luego intentar cerrarles el paso en el top mediante el spameo. Si ellos que están empezando lo practican no pasa nada, tienen que darse a conocer... pero desde que uno es ya “cuarta mogul” (media media mogul) eso no tiene mucho sentido. A esas alturas además el que más y el que menos tiene alguna/s ORG/s y practica el autovoto (esto al menos yo tendría que reconsiderarlo también).
Si bien, como he dicho, el spam llega a ser no sólo innecesario sino también inefectivo, ésto último lo es en relación al esfuerzo que se le dedica. Por eso hoy ya no lo utilizo para mi periódico salvo en los casos antes mencionados. De todos modos puedo seguir dando fe de lo inutil que es el SPAM, en tanto que lo es el que practico con toda mi buena fe para difundir los concursos del Boletín de Contracultura.
Sea ineficaz o no, el caso es que a veces el número de votos preciso para estar dentro o fuera del TOP20 es mínimo y para un periodista nóvel el top es algo que vale mucho (como escaparate de su trabajo). Si a la hora de la verdad nos preocupa la prensa en general y no nuestro ego, una buena manera de demostrarlo es dejándole paso a los que comienzan en su camino hacia el top. También podemos echarles una mano difundiendo sus artículos en vez de los nuestros. Pienso que así de paso nos haremos un favor a nosotros mismos.
A veces no tiene que pasar mucho tiempo para que la nueva inspiración de lugar a sinergias enriquecedoras. Podemos apostar por los demás, el ombligo ya lo tenemos ganado.


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